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Tratamiento PROBLEMAS EMOCIONALES |
1. PÉRDIDA DE CONTACTO CON LOS PROPIOS SENTIMIENTOS: Se refiere a la incapacidad para sentir y expresar sentimientos y emociones de amor, alegría, rabia, tristeza, miedo. Es un proceso inconsciente que comienza a edades muy tempranas y evoluciona progresivamente a medida que nos hacemos mayores. Por lo general, surge en ambientes abiertamente hostiles y rechazantes, que sabotean el bienestar y la autoestima personal. Muchas veces se expresa a través de mensajes directos o indirectos del tipo "Los hombres no lloran" o "No te rías tan alto", por ejemplo. "No quiero, no quiero // échamelo en el sombrero" es un dicho margariteño que revela la dificultad para expresar claramente que algo nos gusta o que lo anhelamos, que decimos una cosa pero hacemos otra. Todo lo contrario de "El que quiere besar busca la boca", que indica que la motivación nos impele a hacer algo. En síntesis, en la medida en que desconocemos o no tomamos en serio nuestros sentimientos, saboteamos nuestro proceso de toma de decisiones porque, aunque muchas veces el mismo es racional, no cabe duda de que el afecto ejerce un rol importante.
2. EVITACIÓN DE
LOS PROBLEMAS Y DE LA ANSIEDAD, CON LA FINALIDAD DE NO EXPERIMENTAR
SUFRIMIENTO: El
refrán "Más vale malo conocido que bueno por conocer" ilustra este
obstáculo psicológico. Las personas que lo sufren consideran que las opciones
y elecciones, al ofrecer una posibilidad de cambio, constituyen una amenaza a
la comodidad de lo que resulta familiar . Es probable que cualquier intento
de elección conlleve una carga enorme de ansiedad pero, en cuanto se comienza
a adoptar decisiones por pequeñas que sean, la persona se da cuenta de que
las terribles consecuencias que imaginaba no han ocurrido. Luego, cuando
empieza a participar más activamente en su vida -y no como mero espectador-
el compromiso ya no resulta tan amenazante y las escogencias se hacen más
provechosas y más fáciles de realizar.
3. CARENCIA DE UNA
ESCALA DE VALORES: Alude al desconocimiento de las cosas que son importantes o no, lo
cual incide en lo que apreciamos, cómo utilizamos nuestro tiempo y energía,
cuál es nuestro estilo de vida y con qué clase de personas podemos vivir y
trabajar. No conocer nuestros valores es como si no los tuviéramos. Al evitar
la elección se fortalece la carencia de valores con lo cual las elecciones se
hacen cada vez más difíciles, creándose así un círculo vicioso. Por el contrario,
cada vez que tomamos una decisión ordenamos los asuntos de nuestra vida de
acuerdo con una determinada escala de valores o prioridades, se fortalece el
conocimiento de la propia personalidad y se facilitan las escogencias
posteriores.
4. ESCASA AUTOESTIMA
O FALTA DE CONFIANZA EN SÍ MISMO: La dificultad para escoger opciones -en especial
cuando se salta constantemente de una alternativa a otra- se debe por lo
general a la convicción inconsciente de que ninguna opción que se elige es
suficientemente buena.
5. DESESPERANZA,
DEPRESIÓN Y ANSIEDAD: Las tres se presentan por lo general juntas, por lo que
Rubin las llama "compañeras de viaje". Cualquiera que sea su causa,
identificarlas es prioritario ya que afectan no sólo la capacidad de
seleccionar alternativas sino la salud mental en general. Tales problemas son
síntomas de dificultades más profundas y muchas veces requieren de la ayuda
profesional.
6.- IDEALIZACIÓN O
IMAGEN IRREAL DEL PROPIO YO: Muchas personas con baja autoestima dibujan una imagen idealizada
de sí mismas, lo que constituye una forma de compensación destinada a
disimular y contrarrestar la desconfianza personal. Sin embargo, tal actitud sólo disminuye la autoconfianza y
obstaculiza el proceso de la toma de decisiones ya que ignorar y olvidar las
cualidades reales y, por el contrario, actuar sobre la base de cualidades y
talentos inexistentes, conduce a elecciones erróneas debido a que el juicio
se encuentra distorsionado.
7.- ANULACIÓN DEL
PROPIO YO, DEPENDENCIA DE LOS DEMÁS Y NECESIDAD OBSESIVA DE AGRADAR: Cada vez que renunciamos a tomar
decisiones anulamos nuestro propio yo, lo que en la práctica se traduce en la
evitación de los conflictos o el rechazo, para no llamar la atención. Esta
forma de afrontar las situaciones de conflicto obstaculiza grandemente la
conducta de elegir, ya que las decisiones que se toman tienden a evitar el
éxito e incluso favorecen el fracaso, ya que éste atrae menos atención y
provoca menos ansiedad. En cuanto a la dependencia de
los demás, destruye el proceso de escogencia puesto que se eligen las mismas
opciones de los demás o se trata de que los demás lo hagan por nosotros.Tener
una necesidad obsesiva de agradar a los demás afecta enormemente la
escogencia, debido a que no se satisfacen los propios gustos; en caso de que
una decisión acertada desagrade a otros o sea impopular, la persona la
desecha a favor de otra menos adecuada o se abstiene de elegir.
8.- BÚSQUEDA
OBSESIVA DEL RECONOCIMIENTO Y DEL PRIMER LUGAR: La afición desmesurada por el
reconocimiento da lugar a tomar decisiones erróneas que, a menudo, son la
antítesis del éxito y la felicidad. Las personas con este bloqueo quieren
llamar la atención; prefieren ser admiradas antes que estimadas ya que su
autoestima se basa en las habilidades y destrezas que poseen. Por debajo de
la búsqueda del reconocimiento tienen escaso amor propio, lo que hace que se
sientan obligadas a proteger éste. Como les asusta el fracaso y la
humillación, evitan tomar decisiones que puedan poner en peligro su orgullo.
9.- PERFECCIONISMO
Y AFÁN DE TENERLO TODO: Consiste en la creencia inconsciente de que hay
situaciones y decisiones perfectas, lo cual conduce a demoras debido al deseo
de tomar decisiones en condiciones perfectas para tener la seguridad de que
el resultado también lo será. El temor al autodesprecio como consecuencia de
obtener un resultado imperfecto, ejerce un efecto inhibidor y produce
inacción. Es importante aclarar que la búsqueda de la excelencia
no es lo mismo que la búsqueda de perfección, ya que la primera tiene que
adaptarse a criterios realistas; si no, se convierte en la justificación de
necesidades perfeccionistas. El afán de tenerlo todo es la creencia inconsciente de
que se puede alcanzar un estado perfecto en el que estén incluidas todas las
opciones y, por tanto, evitar las decisiones y los sacrificios. Este
obstáculo conlleva más gasto de dinero, tiempo, energía y talento, y conduce
al fracaso. El refrán “Más vale pájaro en mano que cien volando” ejemplifica
la conducta alternativa más adecuada.
10.- ESPERANZA DE
COSAS MEJORES, ANHELO DE LO QUE NO SE TIENE, DESPRECIO POR LO QUE SE TIENE, Y
VIVIR DE ILUSIONES: Lo más característico de este obstáculo son las interminables
demoras y esperas, lo cual destruye la posibilidad de elegir buenas opciones.
Las víctimas de este bloqueo esperan una solución mágica que supere con
creces todas las alternativas disponibles. Anhelar
permanentemente lo que no se tiene y despreciar lo que está al alcance puede
originar una acentuada inactividad, lo cual hace que decisiones que se tomen
–si no conllevan un auténtico compromiso- sean más bien actuaciones
superficiales. Por otra parte, las ilusiones
obligan a vivir en un mundo imaginario y no tienen nada que ver con las ideas
creativas que se podrían llevar a la práctica tomando decisiones acertadas.
Como dice la canción “El que vive de ilusiones se muere de desengaños”.
11.- VIVIR EN LA
IMAGINACIÓN: Estrechamente
relacionado con vivir de ilusiones y la esperanza de cosas mejores. El hecho
de vivir en la imaginación nace de profundas carencias y de la necesidad de
obtener compensaciones. Es un bloqueo de la realidad que destruye el presente
y elimina los goces de la existencia cotidiana, impidiendo el éxito en
cualquier faceta de la vida.
12.- TEMOR AL
AUTODESPRECIO QUE PUEDA GENERARSE SI SE TOMA UNA DECISIÓN ERRÓNEA: Las personas que padecen este
bloqueo ponen a menudo de manifiesto una necesidad obsesiva de tener siempre
la razón, en la que subyace una falta de autoconfianza. Al menor asomo de
fracaso por pequeño que sea- se autodesprecian severamente. Les asustan las
decisiones y se ven en la imposibilidad de tomarlas por miedo a cometer algún
error. Ello se debe a la acción conjunta del perfeccionismo, las esperanzas
exageradas, la necesidad de reconocimiento y la anulación del yo, los cuales
no dejan espacio para la aceptación de las limitaciones humanas y la probable
escogencia de alternativas equivocadas. Las víctimas de
este bloqueo se infligen inconscientemente severos castigos en forma de
depresiones, enfermedades psicosomáticas, propensión a accidentes, fracasos
múltiples, relaciones destructivas, insomnio, problemas de apetito, y toda
una variedad de aflicciones.
13. AUTOREPROCHES
PROVOCADOS POR LAS EXIGENCIAS DESMEDIDAS: Este bloqueo nace de las exigencias y los “contratos internos” que
las personas acuerdan inconscientemente consigo mismas. Toma la forma de
“debería”, “podría” y “querría”, utilizados como reproches o justificaciones
posteriores a una conducta determinada. Por ejemplo: “Yo debería ser el más inteligente”,
“Yo podría haber obtenido la mejor calificación”, “Yo querría haber ganado el
concurso”. Obstaculiza las decisiones,
provocando un estado de parálisis y temor a romper los “contratos”. Además,
puede convertirse en un hábito tan difícil de erradicar que hace que la toma
de decisiones auténticas resulte imposible de realizar.
14. “CEGUERA” ANTE
LAS DIVERSAS OPCIONES: Para que exista una toma de
decisión deben estar disponibles por lo menos dos opciones, pero la persona
con este bloqueo no se da cuenta de las alternativas a su disposición. En la
base de este obstáculo existe una idealización del yo y un temor a los
conflictos, por lo que no se “ven” las opciones que entren en conflicto con
esta imagen idealizada y se rechaza cualquiera que provoque perturbación y
ansiedad. Por lo general, ocurre cuando la persona se halla
sometida a fuertes presiones, en períodos de crisis y en situaciones de
estrés, lo cual hace necesario un aplazamiento provisional –hasta que la
presión se haya reducido- que no tiene que convertirse en una justificación
de interminables dilaciones.
15. TEMOR Y
DISTORSIÓN DE LA PRESIÓN DEL TIEMPO: La
engañosa creencia de que no hay tiempo se utiliza a menudo con consecuencias negativas,
ya que puede producirse una acentuada presión y una reacción de temor. Es uno
de los principales obstáculos en el proceso de toma de decisiones, ya que
impide hacer uso de los recursos personales que se necesitan para elegir una
alternativa. Cuando la persona consigue
liberarse del agobio del tiempo, suele desaparecer la ansiedad y puede
utilizar el tiempo provechosamente para analizar y sopesar las opciones, y
para relajarse en caso necesario durante las distintas fases de una elección.
16. CRITERIOS
ERRÓNEOS: Un
criterio acertado, es decir, la capacidad de evaluar las opciones de forma
racional y provechosa, es muy importante para el éxito en la toma de
decisiones. Por el contrario, un criterio erróneo con frecuencia se debe a un
deficiente análisis y a un pobre desarrollo de las ideas. Los trastornos
emocionales, la desesperación, la euforia, el estrés, y los estados mentales
gravemente perturbados deterioran el criterio de las personas. Todos los bloqueos discutidos
ejercen, en mayor o menor medida, un efecto perjudicial sobre el criterio
personal, cuya influencia es directamente proporcional a la intensidad de los
mismos. El principal componente del criterio acertado es una visión objetiva
de la realidad y de nosotros mismos, sin la cual nuestra percepción resultará
sesgada, distorsionada.
17. FALTA DE
INTEGRACIÓN INTERNA O GRAVE DESORGANIZACIÓN: Las personas pueden pasar por períodos breves de trastornos
emocionales, durante los cuales no es propicio hacer elecciones. Pero, cuando
se producen trastornos tan pronunciados que conllevan pensamientos intrusos,
intereses conflictivos, ausencia de un fuerte sentido del yo, carencia de una
escala de valores, etc. que impiden la integración o cohesión de todos los
aspectos de una situación, se impone un tratamiento que pueda influir en el
desarrollo de una fuerza integradora madura. Esta permitirá que la persona
sepa quién es y qué quiere realmente, estableciendo un orden de prioridades,
antes de estar en condiciones de tomar auténticas decisiones. En resumen, afirmábamos en un artículo anterior que para hacer una
escogencia adecuada es necesario, entre otras cosas, recolectar, evaluar y
analizar la información sobre nosotros mismos. Tal información integra no
sólo los recursos o potencialidades sino también las dificultades o
limitaciones. Como hemos podido ver, una de
las dificultades que impiden las decisiones son los bloqueos u obstáculos
psicológicos.
Como quiera que es casi
imposible luchar contra un enemigo invisible o desconocido (como lo plantea
Rubin) es necesario mediante la autoexploración y autoanálisis conocer los
bloqueos, identificarlos y comprenderlos para actuar en consecuencia. Ante una situación de toma de decisiones, algunas preguntas que nos
hagamos podrían servir de guía para ayudar a su identificación: ¿qué siento
en este momento?, ¿cómo afecta mi comodidad?, ¿cuáles cosas son importantes
para mi?, ¿las opciones a mi disposición son suficientemente buenas?, ¿siento
una ansiedad incontrolable?, ¿cuáles son mis cualidades reales?, ¿qué pasaría
si mi elección no le gustara, por ejemplo, a mi padre?, ¿cómo me sentiré si
me equivoco?, ¿le doy más importancia a lo que debería hacer que a lo que
quiero hacer?, ¿estoy consciente de las diferentes alternativas a mi
alcance?, ¿a menudo pienso que debo darme prisa?, ¿estoy analizando la
realidad objetivamente?, entre otras. Si se responde afirmativamente a
estas preguntas, la persona puede darse cuenta de que está atrapada en algún
(os) de los bloqueos, lo que constituye un primer paso para abandonar los
hábitos negativos.
Como no basta con la toma de
conciencia, luego tendrá que empeñarse en un cambio que le permita el
ejercicio de un comportamiento decisión al más eficiente. Sin embargo, cuando
ello no es suficiente (porque la persona está desorganizada, cuando hay
serios problemas de autoestima, cuando hay trastornos de sentimientos,
pensamientos y emociones, cuando más que un problema de indecisión existe un
problema de inseguridad, etc.) se requiere de la ayuda profesional que puede
prestar el orientador, psicólogo, psiquiatra, o psicoterapeuta, quienes
pueden realizar las intervenciones necesarias para corregir la problemática .
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